La viuda negra: Océanos de brea. Primer diario

LINK A LA RESEÑA: https://orbecultural.wordpress.com/2016/02/29/la-viuda-negra/

DATOS DEL LIBRO

Título: La viuda negra (Océanos de brea) Primer diario

Autor: C. Santana

Editorial: Khabox

ISBN: 9788460830450

Año de publicación: Noviembre de 2015

Género: Histórica/Erótica

Número de páginas: 158

Sinopsis:

Cuaderno de bitácora

Bergantín La Viuda Negra

Mayo de 1692

Siguen aquí.

No se desvanecen.

Diría incluso que se han incrementado; tanto los miedos como el deseo.

Aunque…, el miedo no lo es en sí. Es… un aviso, una pequeña llamada de atención que quiere mantenerme alerta, preparada para cualquier desavenencia.

Por el contrario, el deseo sí que lo es. Pensé neciamente que sería mitigado una vez que lo saboreara, pero he errado estrepitosamente. No es el sabor de su esencia o su calor entre mis labios lo que permanece en mí, sino su forma de contemplarme: profunda, apasionada; sus caricias sobre mi piel: cálidas, arrulladoras.

El deseo empieza a ser algo más que un simple capricho…

Cuando sentimientos desconocidos comienzan a resquebrajar la coraza de Hélène, serán estos mismos los que la pondrán en una encrucijada, obligándola a elegir entre la lealtad a los suyos o perseguir sus nuevos anhelos, que podrían derrumbar los principios que siempre la acompañaron: astucia, falta de escrúpulos y un espíritu pirata.

Bajas pasiones, venganzas, abordajes, persecuciones, muerte, luchas a espada y traiciones, siempre estuvieron presente en la edad dorada de los piratas.


COMENTARIOS [SPOILERS]

Bueno pues empezamos con esta novela de C. Santana que nos muestra la vida de una mujer pirata, algo bastante raro en el siglo XVII pero que parece tener un juego bastante sustancioso en el libro. Es bastante cortito por lo que los comentarios no serán tan largos como en el anterior, pero estoy segura de que de aquí podré sacar muuuuchas cosas que decir.

¡Comencemos!


Empezamos bien. ¡Empezamos bien! Vamos, o Saúl es gay o al final ahí hay salseo del bueno. Espero que sea más lo segundo que lo primero, pero teniendo en cuenta lo poco que he visto de chico, si es homosexual va a tener todo mi amor incondicional porque sería un giro inesperado después de que le haya mirado las tetas. Bueno, perdón, seré políticamente correcta: los pechos.

 

«Después de aquella noche gané […] una de las lecciones más valiosas que toda mujer debe saber: las armas de los hombres matan, pero las de una mujer pueden dirigir el tiro que ellos perpetran»

¡Gran verdad por los siglos de los siglos y amén! Creo que esta será la frase que describa la novela en todo su esplendor. A ver si estoy en lo cierto o, por el contrario, ya estoy, como siempre, cavilando cosas que no llevan a ninguna parte.

Hélène… Fijo que todo el mundo dirá lo mismo de ella así que no me voy a extender mucho y me voy a centrar en un aspecto en concreto: está muy adelantada a su tiempo. Esta, a día de hoy, se hubiera comido el mundo entero. Mujeres como ella son las que llevan las grandes empresas de hoy día. Y eso que aún no estoy dentro del meollo del asunto.

Acaba de explicar que Hélène, siendo la capitana y gracias a la fortuna de su padre, no toma parte en los combates diarios ni en los abordajes, por lo que su botín es menor pero tampoco le importa demasiado teniendo en cuenta la riqueza que alberga del progenitor. Vamos, que viene siendo una mujer que ha luchado por sus ideales pero que, aun así, tiene parte del terreno ganado por ser hija de quién es. No digo, con esto, que la muchacha tiene poco mérito. Es más, precisamente por ser hija fémina en lugar de varón, lo más normal es que el padre la hubiera despreciado y no la dejase ni poner un pie en un barco teniendo en cuenta que, en aquella época, eso daba hasta mal fario. Lo que no sé es por qué tengo esa espinita ahí clavada de «podría haberlo tenido más difícil aún».

Al parecer Carolina le da mucha importancia en esta novela a la libertad femenina frente al yugo masculino. Me gusta mucho ese tema y creo que es muy candente, pero también es cierto que solo llevo… no llega a treinta páginas, y ya se ha repetido eso varias veces. Creo que con haberlo dicho dos, por ponerlo en número, habría bastado para darle el énfasis necesario y se me hace un pelín repetitivo. Lo bueno, es que cada vez que lo dice cambia la forma de hacerlo y, teniendo en cuenta la ricura de vocabulario que hay en la novela y la buena narración que tiene, a pesar de hacérseme pesado el que la misma idea se repita, no me importa volver a leerlo.

PD: Es muy posible que no entendáis algunas de mis explicaciones. Es normal, son casi las dos de la mañana, no estoy del todo en mis cabales.

«—Nunca subestimes a quien tiene tu vida en sus manos…, tenga verga o no. —se levantó, dejando al prisionero gimiento y ensangrentado […]».

Ole por ella. Lo que acaba de hacer (pegarle un tiro en sus mismísimas partes nobles a uno que la ha despreciado por ser mujer) es lo que muchas tenemos ganas de hacer a veces con algunos pero tenemos que contentarnos con mandarle a tomar viento. Todas llevamos una Hélène dentro que dejamos salir de vez en cuando. Cuando eso pase, temednos.

«Esta ajetreada mañana […] me apetece montarte»

Nueva forma patentada del siglo XVII para decir «ven acá pa’ acá que te voy a comer to’».

Vale, retiro lo dicho a favor de Saúl. O cambia de actitud o voy a terminar llamándolo como llamo y llamaré siempre a Paul de Mírame: imbécil.

Y con esto y un bizcocho la menda se va a dormir, no porque no esté intrigada, sino porque he dado una cabezada hace poco en la que casi me trago el libro. ¡Buenas noches orberianos!


Miradas de complicidad con el esclavo de “El Lobo”: uy… Aquí es que no sé si pensar que ese es el famoso Edward o si ese es el amante de “El Lobo”, pero el que haya descrito su gesto como “mirada de lascivia” me hace sospechar más que es el primero. En ese caso… Vaya encontronazo.

«—Desear y querer son cosas diferentes, Hélène. Yo no quiero nada; y el deseo, a veces, está sobrevalorado»

Esta frase ha sido un «zas» tan grande como el que pasa a continuación, cuando los sentidos de Hélène  la “traicionan” y se encara al esclavo que no es. Sí, seguro que es porque la traicionan. El que haya descrito su miembro como lo ha descrito no tiene nada que ver. Qué va.

Cara de asombro por parte de la lectora: Hélène acaba de decir… Acaba de decir «Llegué, vi y vencí»… Entre eso y lo de Medusa casi lloro de la emoción.

Después de leer las hazañas —o atrocidades— que hace “El Lobo” a sus prisioneros, me he dado cuenta de que lo he leído como si pusiera que se había tomado un café con ellos. ¿Será cierto eso de que, con tanta violencia en los medios audiovisuales, estamos casi inmunizados a ella?

Insinuación de Hélène a Edward en la jaula y posterior batalla campal en la playa: mira que me gusta una historia de amor y todo lo que conlleva, pero una batalla me gusta aún más. Esa tensión de no saber qué va a pasar, quién va a morir ni como me engancha de una manera horrible. Me gusta que se incluyan este tipo de cosas y que no se escatime a la hora de describir una herida o un golpe certero (como la forma en la que murió Salvin).

Vale… La definición del «trato de cuerda» sí que ha hecho que me recorra un escalofrió por todo el cuerpo. Eso me ha dolido hasta a mí.

No hablo porque llevo un rato descojonándome con la escena del «huevín» de Saúl. Ha sido grandiosa. No tiene otra forma de describirlo más que esa. Y sigo pensando que ahí tiene que haber salseo. ¡Quiero salseo entre Ana y Saúl!

Escena subidita de tono en el pozo: con la de sinónimos que usa para describir las partes nobles de los tíos, ¿y no tiene otra más que culo para referirse al trasero?  Eso sí, a más de una le encantaría estar en ese momento en la posición de nuestra pirata rubia. No veas el Eduardo.

Posterior pillada del segundo al mando: Buah, qué jipada más magistral. Pero nada oye, ahí nos deja con todas las ganas. Carolina, ya puede ser un polvo magistral.

Aún con la boca abierta después de leer la historia del latifundista de Port Royal: sé que esas cosas pasaban, esa y peores. Pero no quita que siga produciéndome un reparo importante y un malestar leerlas. No hay día que no agradezca el haber nacido en esta época en ese sentido. No os engañéis, la libertad de nuestra pirata no era normal en esa época. De haber nacido allí, era más probable acabar como la pobre Celine que como Hélène.

Por el amor de dios. Al paso que vamos solo habrá una escena de sexo y es desquiciante teniendo en cuenta la cantidad de tensión acumulada que hay ahí. Qué estrés me dan estas cosas.

Encontronazo junto a la cabaña de los ingleses: A ver, a ver, a ver… ¿Se quiere vengar de él y dejar claro que ella es la que manda y lo que se le ocurre hacer es tener una clase oral con él? ¿De la que solo él disfruta? Algo no me cuadra, Hélène.

Llevo casi toda la novela preguntándome por qué no ven de forma un tanto “mala” la homosexualidad, teniendo en cuenta la época. Me acabo de dar cuenta de que hablamos de Tortuga, que viene siendo algo así como Las Vegas de su tiempo. Toda duda al respecto quedad disipada.

«—¿Dormisteis anoche oliendo a mí?

[…]

—El aroma que ahora desprendéis —Edward acercó su nariz al cabello, rozándolo e inhalándolo— es más que suficiente para que yo lo haga esta noche»

Ay la virgen… Aquí me inquietan dos cosas: cómo narices se atreve este hombre, desde el principio, a hablarle y actuar así sabiendo que, si Hélène quiere, le podría arrancar la cabeza, y,  ¿qué narices hace esta tía que no se lo ha llevado de ahí de una vez?

OOOOOOH, qué tirada le acaba de hacer Saúl por favor. «—Polvo en condiciones el que te echaba yo». Ole tus huevos Saúl, ole. Me ha encantado.

Yo lo siento mucho, pero es que sabía que Hélène al final se tiraba a Edward, pero lo de esos dos no lo tengo claro y está intrigándome casi más que la historia de la pirata en cuestión. No puedo evitarlo jajaja

Primer beso: mis palabras exactas han sido —tono cursi y demasiado agudo incluido— «ooooooh, qué bonito», acompañadas con un puchero seguido del descojone habitual que me producen mis reacciones ante estas cosas. Que potito todo.

……………………..

Acabo de terminarla. Carolina, morirás entre terribles sufrimientos. ¡Y lo sabía! Al final entre esos dos pasará algo, y yo quiero verlo. ¡AGH! Qué rabia me da quedarme con la intriga.

Orberianos, prometo comentar la segunda parte, aunque posiblemente le deje a mi compi Beis que os la reseñe ya que ella ha sido la encargada de ocupar este cometido con la primera parte. ¡Disfrutad del día!

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Un comentario en “La viuda negra: Océanos de brea. Primer diario

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