Ir de tiendas: la batalla campal del siglo XXI

Hoy he ido de compras navideñas, como bien tocaba a estas alturas y a punto de pasarme de fechas —todos sabemos que cerca del veintialgo ya no hay manera—, y durante las mismas no he podido evitar hacerme una pregunta: ¿por qué la gente tiene tan poca consideración con los demás? ¿Se ha acabado el civismo en la sociedad actual? ¿Es mala educación o, simplemente, egoísmo?

Lo que hace años era ir de compras con tu familia y pasarlo bien, se ha convertido en una batalla campal en la que no es más pobre el que menos tiene, sino el que menos corre, empuja, arranca y pisa. Ir a un establecimiento en el que te ofrecen enseres textiles (lo que viene siendo una tienda de ropa), mirar por sus pasillos e inspeccionar de forma cuidadosa las tallas para encontrar la tuya es una ilusión: no existe tal cosa. Hoy en día se estila el romper etiquetas de los tirones, agobiar a una persona que esté mirando donde tú quieres hacerlo e impedir el paso de los demás para que no «roben» tu ansiada prenda.

Señores, ¿es que estamos locos? ¿En qué momento el comprar algo, que lo más seguro es que ni necesitemos, ha venido acompañado de un carnet que cita «licencia para hacer lo que me de la real gana»?

Llegados a este punto no me queda más que enumerar las diferentes situaciones que se viven en el interior de unos grandes almacenes o simples tiendas, por lo general, de amplitud considerable:

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1º Persona(s) tapón(es)

Este tipo de clientes tienden a rasgos bastante comunes. Su misión se reduce a quedarse parados en sitios estratégicos, lugares en los que impidan el paso de los demás por cualquier flanco y obstaculizar tu avance hacia el perchero o estante donde hayas puesto tu mira de comprador.

Cada vez que pasa esto, yo —al igual que tantos otros— giramos la cabeza hacia los lados para comprobar que, efectivamente, existiría la posibilidad de que dicho individuo hubiera colocado sus hermosos pies medio metro a derecha o izquierda, dando a los demás la posibilidad de avanzar; sin embargo, se niega a ello.

Y vosotros os preguntaréis «¿qué cosa tan importante está haciendo esta persona para no poder alzar el vuelo del pasillo/puerta en el que se encuentra?». La respuesta es simple y fácil, ya que llega desde hablar por teléfono o mirar el Whatsapp, hasta hablar con otra persona que también obstaculiza. Porque sí, queridos lectores, a veces van en manada.

Tú, indefenso y sin saber si interrumpir o no —pues ya lo has intentado otras veces y los rugidos se han escuchado hasta en casa de tu abuela que vive en un pueblo a kilómetros de distancia—, solo se te ocurre buscar una alternativa mientras piensas: «¡No habrá tienda! ¡En to’ el medio te has venido a parar, alma de cántaro!».

Algo parecido ocurre cuando estás mirando en algún pasillo y ves, notas, intuyes que alguien se aproxima con intenciones de pasar. ¿Es tan difícil apartarte un poco y ceder el paso? Yo lo hago siempre y aún no me ha salido un tercer ojo, ni he perdido mi valioso tiempo por ser condescendiente con los demás.

Cierto es que, en mi caso al menos, la mayor parte de las veces he preguntado amablemente si me dejaban pasar y la respuesta ha sido afirmativa y educada, pero eso no quita que es una situación que se podría haber evitado fácilmente en el noventa por ciento de ellos.

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2º Los indecisos sin señales de cruce

Esto podría ser un subgrupo de los anteriores si nos ponemos refinados, pero he decidido que merecían estar aparte para poder exponer los hechos.

Queridos lectores, las personas, como bien sabéis, no tenemos luces de freno o intermitencias. Sabiendo esto y dejándolo totalmente claro, a mí me encantaría saber por qué nos encanta (yo me incluyo porque alguna vez lo he hecho también) pararnos en seco en cuanto vemos algo que nos interesa sin siquiera pensar en que podemos tener a alguien andando detrás. Los conductores que me leéis sabéis que cada vez que se frena en cualquier lugar se tiende a mirar por el retrovisor interior a la parte trasera del vehículo, por aquello de que podemos causar un accidente. Pues esto es lo mismo.

En el mejor de los casos, si la persona tiene buenos reflejos podrá redirigir sus pasos hacia alguno de los lados o frenar también —como ha sido mi caso esta mañana—; en el peor, el golpe será, cito a Antonio Recio, una hostia terrible. ¿Tanto cuesta tener un poco de cuidado y apartarse a un lado antes de frenar?

Que conste que estamos hablando de un lugar en el que se puede hacer eso. Lógicamente, si no está en tu mano poder desviarte y tu única opción es pararte de repente, es otro tema. Sin embargo, sabéis a qué me refiero al igual que debéis reconocer que es algo que hace poquita gente.

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3º Dependientes, ¿amigos o enemigos?

Aquí siempre existe la controversia. Cada persona es un mundo y cada uno vive sus propios problemas como puede, pero de todos es bien sabido que nunca puedes mezclar tu trabajo con tu privacidad. En mi corta existencia he tenido la oportunidad de cruzarme con muchísimos dependientes, y lo que me queda. He visto a gente muy amable, entregada y disfrutando del trabajo, sea cual sea su situación, al igual que a individuos con caras largas, masticadores de chicle que te miran por encima del hombro y maleducados.

Hoy ha habido una mezcolanza bastante interesante. Iré por orden e intentaré no perderme en el camino y pienso dar nombres de tiendas porque no veo la necesidad de esconder algo que todo el mundo sabe: he estado en Primark, Disney Store (la tienda de Disney), Eroski y Fnac.

En Primark, si sois asiduos a esta cadena de tiendas, sabréis que hay muchos dependientes, cada uno haciendo una cosa, corriendo hacia todos lados e intentando ayudar como pueden con la cantidad de personas que cada día se cuelan por sus puertas como ganado tras abrir la verja. Aquello es una jungla en la que la gente no tiene miramientos en ningún sentido y es lógico que muchos se encuentren en un estado bastante angustioso cuando tú, alma cándida y descarriada, acudes en su ayuda por un enorme, abismal y existencial problema: no encontrar una sudadera con un logotipo en concreto entre las cincuenta mil de la tienda. Unos te responden con una sonrisa e intentan solucionarlo, otros brillan por su indiferencia y el resto se dedica a mirarte como si fueses el ser más inepto en la faz de la tierra.

Por otra parte, en Dinsey Store se limitan a estar tras el mostrador con una sonrisa (hoy, al menos). Esto tiene su parte buena, ya que no incordian de arriba para abajo desconcentrándote en tu difícil tarea de buscar el juguete perfecto para ese familiar tan amado, y su parte mala: la enorme cola que debes hacer si quieres, aunque sea, preguntar algo. Porque no, no puedes colarte por los lados dado que ya hay personas ahí esperando para preguntar.

Eroski es más o menos lo mismo, simplemente son los cajeros los que deciden si te regalaran una sonrisa o no te saludarán siquiera (Herrejón explica esto mejor que yo en su precioso vídeo de reivindicación de la mala educación, por lo que no me extenderé más en este punto).

Por ultimo llegamos a Fnac, el único lugar en el que hoy un chico muy amable me ha respondido con una enorme sonrisa, aunque le he preguntado por un artículo que se situaba justo en el lugar donde más se debería ver, pero yo, con mi ceguera habitual, ni lo he visto.

Como dice mi madre: hay de todo en la viña del Señor.


accident-1845988_960_720.jpgViendo lo largo que me está quedando esta Señora Entrada y que muy poquitos habéis llegado hasta aquí, creo que he comentado suficiente como para que os hagáis una idea de por dónde van los tiros.

Amigos, sed educados. Ceded el paso, apartaos si veis que una persona necesita paso, portaos bien con los dependientes que no tienen la culpa de que el artículo que quieres se haya agotado, no dejéis las prendas de ropa tiradas por ahí si cuando habéis llegado os las habéis encontrado en buen estado y muy bien dobladitas (que no tenéis que dejarlas igual, pero por lo menos intentad doblarlas algo).

Las tiendas no son de vuestra propiedad. Imaginaos que llegan invitados a vuestra casa y se dedican a sacar vuestra ropa y dejarla tirada, echa una maraña, sobre la cama, saca los platos de su lugar y rompe alguno, desordena vuestras cosas. ¿A que os sentaría mal? Pues esto es lo mismo.

Seamos un poco más condescendientes y démonos cuenta de que no estamos solos en el planeta. Tenéis mucha suerte de poder comprar regalos de navidad y enseres como esos cuando otros no tienen ni para comer, así que dejad de actuar de forma egoísta, por favor. No hagáis que las tiendas online sean el futuro de esta industria.

Espero que haya servido para algo este pedazo de escrito y que deis vuestra opinión con respeto y educación, que estaré encantada de leeros —tanto si estáis de acuerdo, como si no—, y recordad: nunca dejéis de caminar porque el viaje acaba de empezar.

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